San Fernando del Valle de Catamarca

Dirección Provincial de Planificación.                                           Equipo IDECAT, Infraestructura de Datos Espaciales Catamarca.

Instituciones Reguladoras de la etapa colonial

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 La instauración de esta Institución, que ya existía en España, fue trasladada a América. El principio vigente, era que las tierras descubiertas por españoles pertenecían a la Corona. Este derecho también fue ejercido por delegación a las autoridades de Indias como Virreyes, audiencias y gobernadores.


Al fundarse una ciudad, el conquistador trazaba el sitio para las futuras instituciones: plaza, cabildo e iglesia, y otorgaba cuadras y solares a las diferentes órdenes religiosas que venían con el objetivo de evangelizar y de levantar una nueva población con el compromiso de no abandonar el sitio.

Para que el poblamiento se cumpliera se le otorgaba a los conquistadores mercedes de tierra y ganado para que levantaran una chacra o estancia.

Las primeras mercedes de tierras que se otorgaron en el territorio catamarqueño fue la de Pomangasta, concedida a Nuño Rodríguez Beltrán por el gobernador Gerónimo Luis de Cabrera, en donde se levantaron, viviendas, capilla, chacras y cultivos de algodón. Esta primera población se erigió en La Puerta y Rodríguez Beltrán asentó su hacienda en Pomancillo.

Otra de las mercedes importantes que nacieron en el valle fue la de Choya, otorgada a Luis de Medina, por orden de Ramírez de Velazco, quién expidió títulos de merced en el valle de Catamarca. Este asentamiento abarcaba el asiento de la actual ciudad de Catamarca.

Otra de las primeras mercedes fue la de Autigasta dada a Alonso Carrión, abarcaba las tierras de El Portezuelo, Santa Cruz y Huaycama, la de Motimo, concedida a Pedro de Maidana, donde hoy está San Isidro, también Alpatauca, que hoy es San Antonio, concedida en 1621 al Presbítero Andrés Guzmán y Piedra Blanca, otorgada a Antonio Iriarte.

De esta manera fue consolidándose la colonización hispánica del actual territorio catamarqueño, a partir del incentivo de la tierra  a los conquistadores españoles entregados en propiedad por merced real.

Las encomiendas de indios son una institución nueva, desconocida en el Derecho Castellano que surge a partir de la nueva realidad del territorio americano, y que fue motivo  de polémica entre las doctrinas que sustentaban los teóricos españoles y la verdadera realidad de los aborígenes, quiénes eran considerados como esclavos, según los principios aristotélicos.

Pero el interés de los españoles sobre los indígenas se basaba en el aprovechamiento como mano de obra para el trabajo de las minas y las labranzas en las estancias y chacras, este servicio personal se fue convirtiendo en un abuso hacia el indígena que en ocasiones se rebelaba a las imposiciones de los conquistadores.

Este tributo iba a manos de los conquistadores en calidad de encomenderos, a los cuales se los responsabilizaba de procurar la evangelización del indígena costeando un cura párroco, asimismo se le debía proporcionar alimento vivienda y protección, lo que generalmente se desvirtuaba por el mal trato que recibían los indígenas hasta producirse la muerte.

Cuando se fundaba una ciudad, el fundador otorgaba a los vecinos una encomienda de indios para su beneficio. En el grupo iban varones, mujeres y familias enteras. Mientras los varones trabajaban en tareas diversas en las chacras o estancias, las mujeres se dedicaban a hilar algodón, tejer o guisar.

El sistema de las encomienda fue legalizado en el Tucumán por el gobernador Gonzalo de Abreu, pero el régimen era intrínsecamente inhumano y contrapuesto a los principios religiosos en cuyo nombre la corona realizaba la conquista.

El trato que recibían los indígenas por parte de los españoles, fue denunciado reiteradamente por quiénes consideraban que era injusto, ya que se los comparaba con los animales. El primero en reclamar ante la corona fue el Obispo Francisco de Victoria, quién denunció ante el Rey Felipe II, en 1586 que los aborígenes eran tratados muchas veces como esclavos.

En el año 1610 el Obispo Trejo y Sanabria explicaba que la condición de los naturales era muy dolorosa, ya que los encomenderos se apropiaban de sus bienes personales, quitándoles la libertad y la vida.

Para resolver esta cuestión la corona española designó un interventor para que evaluara la situación real de los indígenas, siendo Francisco de Alfaro el elegido para la misión. Este verificó y consultó a los ciudadanos más letrados sobre la relación conquistador-indígena. A partir de su investigación dictó las ordenanzas que llevan su nombre, que estaban compuestas de 120 artículos.

Las medidas más importantes que favorecían a los nativos eran: la anulación del servicio personal, la venta de indios y todo tipo de abuso, en su reemplazo estableció la tasa o tributo que los aborígenes debían pagar a sus encomenderos, obligación que regían solamente para los varones de 18 a 50 años de edad.

De igual modo estas ordenanzas eran contrarias a los intereses de los conquistadores españoles, por lo que no se pudieron cumplir y el abuso era moneda corriente en el trato que recibían por parte de la raza superior, que consideraban a los indios como incapaces, insolentes, rebeldes y holgazanes.

 

 

FUENTES CONSULTADAS:

• SORIA, Manuel: Fechas Catamarqueñas (tomo I-II); Ed. Propaganda, Catamarca, 1920.
• BRIZUELA DEL MORAL, Félix. A. Historia de la Organización territorial de Catamarca (SIGLOS XVI, XVII, XVIII, XIX y XX). Ed. Universidad Nacional de Catamarca. 1988.
• OLMOS, Rosa Ramón. Historia de Catamarca. Ed. La Unión Catamarca. 1992.
• SCHICKENDANTZ, Federico, LAFONE QUEVEDO - Samuel - Escritos Económicos”.  Ed. Edicosa. 1994.
• BAZÁN, Raúl Armando. Historia de Catamarca. Buenos Aires. Ed. Plus Ultra. 1996.
• LARROUY, Antonio; SORIA, Manuel. Autonomía de Catamarca. Homenaje en su primer centenario 1821-1921. Ed. Sarquis. 2004.
• MOLINA, Raúl Arnaldo. Catamarca. Cinco Siglo de Historia y de Cultura. Ed. Color 2007.
• Cartas Orgánicas de los Departamentos Belén, Tinogasta, Recreo, Fray Mamerto Esquiú, Santa María, Capital, Valle Viejo, Andalgalá. 2010.

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